Calabaza confinada. Historias de la huerta.

Ya 31 de octubre y por aquí sigue sin aparecer nadie. A ver, que es la Cosecha de Otoño, ¿dónde estáis, no veis que nos echarnos a perder?

De verdad, vaya temporadita… El huerto es un runrún de cotilleos, comentarios y teorías varias.

El Castaño no entiende por qué hace casi un mes se llevaron las castañas que aún no estaban y ahora, que ya no puede del peso de los mejores frutos maduros, no vienen. Me tiene frita el señor y no es de esta temporada. Es que a la mínima me sale con que esta fiesta es de la castaña desde hace milenios en esta tierra peninsular, que ha leído y se llama Magosto, Castanyada, Chaquetía, Calbote, Gaztarrañe Eguna…. Y yo que no, que es de las calabazas, el Samaín de toda la vida desde los Celtas. La discusión de todas las cosechas de otoño, vaya.

Pues espérate que este año también se ha metido la Higuera diciendo que ni una ni otra, que ella viene de Soria, y allí las protagonistas son las almas de los humanos, una historia de miedo y Templarios, una Leyenda de Bécquer… La que faltaba. Lo que te digo, un guirigay.

Pero es que nos está afectando a todas. El Granado mismo anda tristón y ya se ha resignado a ser alimento de las aves que picotean los granos de sus frutos reventados. Y es que además ¡estamos mejor que nunca! Que no nos han hecho casi ni caso, pero hemos tenido Sol y agua cuando tocaba, y a pesar de haber compartido espacio con todas las hierbas y plantas que nos suelen retirar en un año normal, aquí estamos tod@s sanotes y grandes. Yo misma, este color naranja tan intenso no lo recuerdo en mi especie… yo que sé, igual desde los mismos Celtas.

Las manzanas están que trinan. El otro día el  grupito de las ramas izquierdas, las de siempre, empezaron a gritar algo así como “las manzanas de escanciar queremos ir al lagar”, “manzano resiste, la cosecha de otoño existe…” El membrillo las llamó a la paciencia y la cosa se calmó, pero hay nervios, lo vemos todos. El nogal no dice nada. Desde que el año pasado declaró que pasaba de los humanos de aquí, que si querían nueces se fueran a California a por ellas, ha entrado en un mutismo total. Nos preocupa.

El año pasado por estas fechas esto era un hervidero. Los pequeños pisando aquí y allá mientras los mayores nos recolectaban y nos daban el destino apropiado a cada una; esta para confituras, esta para cabello de ángel, esta para puré con los nabos del otro bancal… Y todas soñando con que nuestra cáscara redonda y naranja fuera la protagonista de Halloween… Mi madre misma fue una de ellas. Y qué graciosa estaba con sus ojitos y esa sonrisa de sierra… En fin…

Estoy entre melancólica y cabreada. No va el otro día la cotorra y nos cuenta que están todos los Huertos ¡más o menos! Pero ¿qué les pasa a estos humanos que no están aquí? Al principio no los echábamos tanto de menos, es verdad. De repente cesó el ruido de fondo, ese que llevamos notando más de un siglo como una vibración cada vez más molesta… Un relax de repente, oye… Y a la vez, como que respirábamos mejor, una savia más verde que en la vida. Luego vinieron otro poco, en verano casi y chimpún. Ni un alma otra vez. Estamos muy mosqueadas ya.

Esta noche es Halloween, mañana el día de Todos los Santos… que los humanos depende de dónde sean y según pasaron los siglos y las culturas lo fueron llamando y celebrando de muchas formas. Y la gresca histórica con las castañas que os he contado. Como yo les digo, chicas, asumid que esta fiesta ya es nuestra. Daos con un canto que, asaditas, podéis servir de tizne en sus caras en nuestra noche. Eso es así.

La huerta está inquieta, no voy a engañaros. Conseguimos tranquilizar a las manzanas y dar un poco de esperanza a los demás frutos pero se acaba el tiempo. Hay algunos que están pasando la frontera de la madurez y… ya sabemos qué viene después… Conocemos el ciclo y siempre nos quedarán las semillas. Pero gentes humanas, desde aquí os decimos que no nos dejéis sin la alegría de la celebración de la cosecha. Dadnos la oportunidad de serviros, de alimentaros, de veros juntos y contentos en la huerta. Y pase lo que os pase, que pase pronto. Si no puede ser esta vez no pasa nada. Seguiremos el curso natural de nuestras vidas, y aquí mismo renaceremos otra vez, esperando vuestros cuidados y vuestra alegría por volver. Como siempre.

Relato escrito por Mayka Bellido Millán

2 comentarios sobre “Calabaza confinada. Historias de la huerta.

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